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  • Marina González Biber

Los pensamientos intrusivos

Los pensamientos intrusivos son pensamientos vividos como involuntarios y que nos generan mucho malestar por su contenido. Son pensamientos que chocan con nuestros valores, que no son “típicos” de nosotros y que nos generan miedo y preocupación.

Ejemplos:

“voy a saltar por la ventana”

“voy tirar a mi bebé por las escaleras”

“voy a clavar un cuchillo a mi pareja”

"¿y si me tiro delante de ese coche?"

Todos tenemos miles de pensamientos al día, incluídos los no coherentes con nuestros valores, como los mencionados arriba. Es decir, el problema no son los pensamientos en sí, si no lo que hacemos con ellos.

Al ser tan llamativos, lo que suele ocurrir es que les prestamos más atención que a otro tipo de contenido. Por ejemplo nos planteamos preguntas como “¿por qué he pensado esto?” o debatimos estos pensamientos: “esto no lo debería pensar” o “este pensamiento está mal”. En general, los observamos mucho más que otros pensamientos y les dedicamos mucho tiempo y atención.

¿Te ha pasado que cuando estás involucrado emocionalmente en un tema todo parece que habla de ti y tu situación? Las canciones de la radio, las conversaciones que escuchas en el metro... Las mujeres embarazadas suelen comentar que sólo ven a otras mujeres embarazadas por la calle. Quien es dueño orgulloso de un flamante coche rojo sólo verá coches rojos allá donde vaya. Esto es así porque nuestra capacidad de atención es limitada y siempre vamos a tender a filtrar los estímulos que nos llegan según lo que es importante que son o el significado que tienen para nosotros en un momento determinado. Lo mismo va a ocurrir con los pensamientos intrusivos. Nos puede dar la sensación de que ya sólo tenemos pensamientos de ese tipo. Precisamente por ello y porque estaremos atentos a si aparecen o no, estos pensamientos aumentan aún más en frecuencia, cuando lo que deseamos es lo contrario: que aparezcan menos o incluso que desaparezcan por completo.

Tener pensamientos de este tipo no es una señal de estar volviéndose loco. Precisamente si los pensamientos son incoherentes con nuestra forma de pensar habitual y además sentimos malestar, esto quiere decir que percibimos que son egodistónicos (no coherentes). Por el contrario, en el caso de los delirios la persona está convencida de que esos pensamientos son adecuados y no se produce esa tensión. Por tanto, aunque es desagradable sentir malestar por estos pensamientos, esto es una buena señal. Lo que hay que hacer es aprender a manejarlos de otra manera.

Aunque en terapia solemos usar una técnica que implica cuestionar estos pensamientos (por ejemplo, planteando "¿Qué hay de cierto en esto que me estoy diciendo?"), con estos pensamientos se corre el riesgo de que contraargumentando entremos en un bucle. Por tanto, no suele ser una buena forma de afrontarlos.

Entonces... ¿cómo afrontarlos?

Lo que sí funciona es usar técnicas derivadas del mindfulness. Es decir, observar lo que estamos pensando sin entrar a valorarlo, ya que esto potenciaría su frecuencia. Hay diferentes maneras de aplicar una actitud mindfulness a estos pensamientos:



EJEMPLOS

  • Decirse que los pensamientos intrusivos no son más que eso: pensamientos

  • Describir los pensamientos como la emisora de radio de las malas noticias: "ya está aquí la radio catastrófica anunciando nuevos dramas"

  • Decirse los pensamientos cambiando las vocales (por ejemplo, en vez de pensar “voy a dejar caer a mi bebé por las escaleras”, pensar “viy i dijir quiir i mi bibí pir lis esquiliris”.


Ojo, no se trata de no tomar en serio lo que está ocurriendo, si no de eliminar la carga emocional asociada haciendo que suene de una manera diferente y más neutra.

Aunque no se entren a debatir, lo que sí se puede hacer ante estos pensamientos es establecer una frase corta y potente que sirva de señal para parar esos pensamientos. Por ejemplo, si continuamente me digo que me voy a tirar delante de un coche, puedo pensar "para, no es cierto" y a continuación entrenar el pensar en otra cosa: una escena neutra o agradable. Esto requiere de preparación previa y entrenamiento

Existen otro tipo de intervenciones pero que han de ser supervisadas por un psicólogo. Por tanto, no dudes en empezar a poner en práctica algunas de las ideas descritas más arriba y a acudir a un profesional si detectas que no es suficiente.

Por cierto, estos pensamientos pueden aparecer durante el embarazo o después del parto, puedes leer más acerca de ellos aquí:










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