El síndrome del impostor

El síndrome del impostor es la descripción de un estilo de pensamiento que pone en duda nuestra valía. Asume que nuestros logros se deben a la suerte y a factores externos y que los errores se deben a causas internas.

 

Cuando hablamos de este síndrome, no estamos hablando de un diagnóstico. Simplemente hacemos referencia a una serie de pensamientos que suelen aparecer de maner conjunta y que se resumen bajo este título.

 

Por ejemplo, cuando pensamos “he pillado a mi jefe en un buen día y por eso le ha gustado lo que he dicho” o “he cometido un error con mi cliente porque soy un incompetente”, podríamos decir que estos pensamientos son coherentes con este llamado síndrome del impostor.

 

Pensamientos típicos

Lo que hago/me sale bien se debe a la suerte, a factores ajenos a mí

Lo que hago/me sale mal se debe solamente a mí y a mis características personales

- Soy un fraude, pero nadie se ha dado cuenta (aún)

 

Los humanos tendemos a confirmar lo que ya pensamos. Por eso, quien haya desarrollado las creencias mencionadas, tenderá a filtrar la realidad de tal manera que siempre se confirmen. Esto implica hacer malabares con las situaciones que vamos enfrentando: a veces, las explicaciones que nos damos rozan lo absurdo... pero nos las creemos porque son coherentes con nuestros pensamientos.

 

Hay quien considera que es un fraude, que no se merece su puesto de trabajo/ las recompensas/ los halagos y teme ser descubierto. Esto supone vivir en un miedo constante a ser “descubierta” como la persona “incapaz” que estamos convencidos que somos. En personas que han emigrado y están expuestas a altos niveles de estrés debido a tener que trabajar en otro idioma o en un puesto diferente al acostumbrado, estos pensamientos suelen ser muy frecuentes. 

 

Características

- Es un estilo de pensamiento que hace difícil aceptar los halagos, dado que la persona asume que no los merece.

- Es un estilo de pensamiento que magnifica los errores y posibles críticas.

- Es una pescadilla que se muerde la cola: cuanto más sé, más soy consciente de lo que no sé. Esto puedo verlo como evidencia de que, en realidad, no sé nada.

 

Estrategias disfuncionales

Las estrategias que se ponen en marcha ante esto suelen ser dos:

Sobreesfuerzo: dedico mucha energía y tiempo en compensar mi supuesta falta de habilidades

- Evitación: intento no exponerme a situaciones en las que se me puede valorar y criticar

 

Para evitar el malestar asociado a estos pensamientos, se produce un esfuerzo enorme para intentar evitar críticas (p. ej. a través de horas extra, repasos que pueden llegar a ser obsesivos). Aún así, si se evitan críticas, de nuevo se asume que se debe a factores externos... y vuelta a empezar. Por tanto, el sobreesfuerzo no ayuda 

 

El problema de estas estrategias es que no se trabaja el núcleo del problema. Las creencias siguen intactas y la persona sólo retrasa algo que cree que será inevitable: que los demás se den cuenta de que en realidad no se merece el puesto de trabajo, que en realidad es una mala madre etc.

 

Consecuencias

Las consecuencias de este estilo de pensamiento suelen ser altos niveles de estrés, insatisfacción, sensación de que “nunca es suficiente”, fatiga.

 

 

Si te reconoces y no sabes cómo manejar estos pensamientos, ponte en contacto con un profesional de la salud mental para trabajar estos pensamientos y aprender estilos de pensamientos más funcionales. Sabemos ayudarte. 

 

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