¿Por qué nos cuesta cuidarnos?

Seguro que has oído más de una vez que es necesario cuidarse y que el deporte, la relajación o hacer cosas para uno mismo es positivo para la salud.

Y, sin embargo, te cuesta dedicarte tiempo. ¿Sabes por qué esto es así?

 

Desconocimiento: Una de las razones por las que no nos autocuidamos es, simple y llanamente, porque no sabemos qué nos hace bien. Muchas personas han perdido la práctica en esto de cuidarse debido a que por el estrés del día a día, las tareas, el trabajo y todo lo que les va ocurriendo en la vida funcionan en modo automático, casi como robots y se olvidan de sí mismas.

 

¿Significa esto que, una vez que paremos a pensar acerca de lo que nos hace bien, podremos ponernos directamente manos a la obra y (auto)cuidarnos? Ojalá fuera así de fácil, pero no vamos a comenzar a mimarnos y cuidarnos mientras mantengamos ciertas formas de pensar acerca de lo que significa „descansar” o “cuidarse”. Vemos algunos de estos aspectos. 

 

Reglas de comportamiento:  los humanos nos guiamos por reglas de comportamientos que nos enseñan nuestras personas de referencia y también la sociedad de la que formamos parte. Una regla muy extendida relacionada con el descanso es “primero el trabajo y después el placer”. Hemos aprendido que uno no puede o no debe cuidarse mientras haya cosas por hacer y que es terrible hacerlo al revés. 

 

Creencias: muy relacionado con las reglas de comportamiento están las creencias relacionadas con la importancia que le damos cada uno a lo que necesitamos, es decir nuestras necesidades, nuestros deseos y nuestros límites. Un ejemplo es la creencia "otras cosas son más importantes que mi descanso”, que implica que, aunque yo perciba que sería bueno descansar, valoro que esto puede esperar. Esta creencia asume que mi descanso va a retrasarse si otros me necesitan, si hay tareas pendientes o que mis señales de agotamiento (por ejemplo fatiga, falta de concentración, impaciencia) deben ignorarse. 

 

Autoestima: Si me digo a mí mismo/a que no valgo la pena, que no soy suficiente, que no soy importante para otros o que soy un/una incapaz, no me voy a premiar, no me voy a dedicar tiempo ni voy a hacer algo que me haga bien. La creencia que suele estar implicita es que pensamos que el descanso hay que merecerlo. Si pienso mal de mí, también pensaré que no me merezco cosas buenas y no me cuidaré. 

 

Sensación de culpabilidad: en muchas personas aparece una sensación de culpabilidad cuando deciden cuidarse. En realidad, aquí también hablamos de creencias. Seguro que te suena: intentas relajarte y aparece una sensación muy desagradable, normalmente acompañado de un diálogo interior que te dice que estás actuando mal, que eso de dejar a los niños con la suegra para desconectar es de mala madre, que no encargarse de las tareas del hogar significa que no eres una buena esposa o que no estar siempre disponible para los jefes es ser un mal trabajador. Todos estos pensamientos, en su origen, intentan evitar que hagamos cosas incorrectas y guiarnos para estar integrados en el grupo social. Pero, si no nos los cuestionamos de vez en cuando, estos pensamientos pueden convertirse en muy exigentes y hacernos sentir mal en (casi) cualquier situación relacionada con descansar. Es entonces cuando ya pierden su funcionalidad y de hecho son malos para nuestra salud, dado que no nos permiten parar (casi) nunca. 

 

Castigo social: el cuidado muchas veces lo asociamos a vaguería, a que somos holgazanes, que no nos gusta trabajar... Es decir, el descanso muchas veces tiene una connotación negativa y está castigado socialmente. Y por eso dejamos de hacerlo: al seguir encargándonos de tareas (limpiar, ordenar, trabajar...) evitamos comentarios negativos y también las propias autocríticas. Con ello, logramos sentirnos bien... por un rato. 

 

Actuar según las creencias nos aporta consecuencias positivas a corto plazo, pero a largo plazo nos puede pasar factura. No estamos preparados para mantener un nivel de estrés crónico y no parar. Somos capaces de afrontar momentos puntuales de estrés, pero después de un momento crítico necesitamos una fase de relajación y descanso. Si mantenemos el nivel de estrés siempre arriba terminaremos agotados, notaremos síntomas físicos, comenzarán los problemas de concentración, de desgaste emocional etc. Descansar es fundamental para nuestra salud. 

 

¿Quieres saber cómo cambiar esto y comenzar a cuidarte?

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