Cuando sufrimos por otros

Muchas veces sufrimos por otros. Estamos decepcionados por esa amiga que dijo que llamaría y nunca lo hizo, por el novio que parece no entender nuestra perspectiva en una discusión, por el padre que no parece estar nunca satisfecho con nosotros... Estando en contacto con otras personas, irremediablemente ocurren conflictos porque cada uno tiene una percepción diferente y entiende las situaciones desde sus propias experiencias de vida.

 

Si he vivido que he sido poco importante en mi familia, probablemente tienda a interpretar que soy poco importante para otros si no me lo muestran constantemente. Si he vivido que sólo si presto atención a las necesidades de los demás seré querida, no entenderé que mi pareja me pida espacio y dudaré de mí mismo/a. Si desde siempre se me ha transmitido el mensaje de que tengo que arreglármelas solo, interpretaré que si me ofrecen ayuda están dudando de mi capacidad y me enfadaré.

 

Por ello, la valoración de las situaciones en las nos relacionamos con otros en realidad tiene más que ver con nosotros mismos que con la situación en sí. Traemos nuestras experiencias pasadas al presente y tendemos a repetir patrones.

 

Y es por eso que compensa analizar nuestro comportamiento aunque creamos que son "los otros" los que tienen la culpa de que nosotros lo pasemos mal. Porque, de hecho, los únicos que podemos decidir cambiar somos nosotros.

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