Por qué nos cuesta cambiar

„Quiero adelgazar pero tras dos días interrumpo la dieta“. „Quiero aprender a decir no pero no lo consigo“. „Me he propuesto no enfadarme por tonterías con mi pareja pero ante ese comentario no pude callarme y le tuve que decir algo“.

 

Seguro que tú también tienes metas que te gustaría conseguir y, sin embargo, no logras. ¿Sabes por qué nos cuesta cambiar, a pesar de desearlo?

 

 

* Miedo al cambio: cuando nos proponemos hacer cosas de manera diferente, puede activarse el miedo. En general, no nos gusta lo desconocido y lo que no controlamos, por eso tendemos a evitarlo. Así, generamos una sensación de control y seguridad, que puede que supere el miedo a las consecuencias implicadas en un cambio.

 

* Creencias: muchos cambios son bloqueados por nuestras creencias. „Si dices no creerán que eres egoísta“, „cometer errores es terrible“, „mi opinión no interesa a nadie, así que para qué voy a decir nada“. Estos pensamientos nos impiden poner en marcha acciones.

 

* Contexto: cuando cambiamos nuestra forma de actuar, nuestro contexto más directo se ve afectado (familiares, pareja, compañeros de trabajo…). Si éstos pierden con el cambio (por ejemplo, el cambio implica que ellos realicen más tareas o no sean atendidos inmediatamente), pueden ejercer presión para que todo vuelva al estado anterior.

 

* Pérdida de beneficios: cambiar puede implicar, en algunos casos, una pérdida de atención o un trato especial. Por ejemplo, si dejamos de tener el rol de víctima, esto implica asumir responsabilidad y hacerse más cargo de las propias decisiones. 

 

* Recaídas: normalmente, un proceso de cambio conlleva recaídas en esquemas de comportamiento anteriores. Volver a pensar o sentir de la manera anterior, la que queremos cambiar, puede generar un estado de desesperanza que desanima a seguir intentándolo.

 

* Consecuencias: si el cambio que queremos realizar tiene consecuencias a medio o largo pero no a corto plazo, nos cuesta más comenzar a cambiar o mantener el esfuerzo. O incluso podemos pensar que no merece la pena.

 

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