El idioma en el extranjero

Un factor desencadenante de estrés muy recurrente viviendo en el extranjero es la barrera del idioma. Pero, ¿por qué afecta tanto no hablar (bien) el idioma del país en el que vivimos?

 

El idioma no sólo es comunicación. Es la forma de generar vínculos con otras personas. Al hablar, nos contamos historias, anécdotas, conocemos a los demás y presentamos partes de nosotros. Manejar un idioma, además, nos permite resolver las situaciones que se nos van presentando de manera autónoma: hablar con el fontanero, con el asesor de nuestro seguro médico, resolver tareas online... En el extranjero, estas pequeñas tareas se convierten en retos muy grandes.

 

Tener dificultades a la hora de entender y de expresar lo que queremos decir genera mucha frustración y enfado. Esto ocurre porque nos vemos limitados en nuestras capacidades, sabiendo que con otro idioma, el materno, no ocurriría. Darnos cuenta de esta pérdida puede ser muy doloroso. Si además vivimos reacciones desagradables por parte de los autóctonos a la hora de comunicarnos con ellos en su idioma, es típico empezar a decirnos a nosotros mismos que somos unos incompetentes, que los autóctonos nos tratan como "analfabetos" o como a niños... Lo peligroso de estos  pensamientos es que, si los repetimos suficientes veces, nos los empezamos a creer, dejando de ser una sensación "como si" para convertirse en una realidad: es muy distinto pensar "es como si fuera una analfabeta" que decirse "soy una analfabeta". 

 

Por otro lado, otro problema asociado al idioma es el de la inseguridad. Al no dominar el idioma, dependemos de otros y, además, se puede generar un miedo a tomar decisiones equivocadas, lo que reduce aún más nuestra autonomía.  Todas estas dudas e inseguridades dificultan aún más el proceso de adaptación a un país, que de por sí es suficientemente retador.

 

En muchas ocasiones, oigo que las personas comentan que el idioma es la principal barrera para integrarse y, a la vez, describen la falta de ganas y motivación por aprenderlo. Aquí se produce un fenómeno que impide avances: se detecta el factor que genera un problema pero no se intenta resolver. El resultado: parálisis y bloqueo. La situación se mantiene como está. 

 

Para salir de la situación de bloqueo, conviene analizar los factores que impiden aprender un idioma. El más importante lo encontramos en las creencias perfeccionistas, como pueden ser “sólo cuando hable perfectamente el nuevo idioma lo usaré con nativos” o "no puedo cometer fallos", los pensamientos catastrofistas del estilo “nunca voy a aprender este idioma, es imposible” o anticiparno me van a tomar en serio”. También juegan un papel importante los pensamientos con los que nos devaluamos nosotros mismos (los mencionados más arriba: "hablando alemán me siento como si fuera un niño" o "soy un incompetente por no hablar el idioma").

 

Pensar de esta manera favorece la evitación y el idioma se asocia a emociones aversivas. Por eso, las personas dejan de exponerse a situaciones que impliquen usar el idioma para evitar sensaciones de incomodidad, fracaso, rechazo... Así, no se producen nuevos aprendizajes, que demostrarían que las creencias son falsas. Unido a esto, además, se añade la generación de ansiedad por expectativa: la situación que me daba miedo cada vez me da más miedo, dado que hasta ahora he aprendido que la única forma de reducir esa emoción es evitando.

 

¿Quieres saber qué hacer para generar seguridad en el uso del idioma extranjero?

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