Entendiendo... la depresión

Uno de los fenómenos más estudiados por la psicología es el de la depresión. Se trata de un trastorno del espectro afectivo en el que, como se puede leer en el manual ICD-10 “el paciente sufre un decaimiento del ánimo, con reducción de su energía y disminución de su actividad. Se deterioran la capacidad de disfrutar, el interés y la concentración, y es frecuente un cansancio importante, incluso después de la rea­lización de esfuerzos mínimos”. La depresión se puede clasificar en varias categorías. Se habla de un episodio leve, moderado o grave según la cantidad de síntomas que se presenten. Por otro lado, las depresiones se clasifican según si se trata de un episodio aislado (episodio depresivo único) o, si el episodio se repite tras otros anteriores, hablamos de episodio de depresión recurrente.

El pasar de un episodio leve a moderado o grave o el hecho de que se repitan frecuentemente lo episodios depresivos tienen mucho que ver con lo que en psicología llamamos espiral de depresión. La espiral de depresión describe cómo nuestro estilo de pensamiento irracional (es decir, pensamientos que exageran las experiencias, anticipan consecuencias negativas o filtran la realidad de manera negativa) y la rumiación (es decir, dar vueltas sobre el mismo tema sin llegar a conclusiones nuevas), desencadenan un malestar emocional, que a su vez suele desenbocar en una reducción de actividades. Dicho de otra manera, si una persona presenta pensamientos sobre su incapacidad o sobre algún evento negativo que le haya afectado y generaliza cosas como”nunca voy a ser capaz” o “esto no lo voy a superar nunca”, esto va a provocar una reacción emocional negativa (tristeza, frustración, decepción, enfado...). Cuando nos sentimos tristes y decaídos, no tenemos ganas de hacer cosas ya que supondría hacer un esfuerzo, por lo que tendemos a reducir las actividades al mínimo y también reducir el contacto con otras personas. ¿Esto qué conllevará? Que se dé más tiempo para pensar cosas negativas (rumiación) y no se permita generar experiencias alternativas. Con ello, el estado de ánimo vuelve a empeorar y tendremos aún menos ganas de hacer cosas. Si no se interrumpe esa espiral, se puede llegar a desarrollar un episodio de depresión severa.

 

Cómo se trata la depresión en terapia:

Teniendo en cuenta la espiral de depresión, la intervención piscológica consistirá precisamente en intervenir en las actividades y en el modo de pensar de la persona. Lo primero que se hace es planificar actividades: se concretan con el paciente tareas y actividades, sobre todo placenteras, que deberá realizar cada día. Lo importante aquí es saber que, aunque no se tengan ganas, es importante realizar estas tareas ya que mientras se hacen y después, se genera un estado de ánimo mejorado. Introducir momentos en los que la persona disfrute, aunque sea por poco tiempo y ésta vuelva a recaer en un estado de ánimo negativo, permite generar emociones positivas que a la vez van asociadas a pensamientos más racionales y con contenidos diferentes a los que suele pensar esa persona. Esa mejora del estado de ánimo permite o hace más fácil seguir haciendo más actividades, que, de nuevo, tienen asociados pensamientos alternativos y un estado de ánimo mejorado. Realizando esta tarea de manera consecuente durante varias semanas, se suelen ver resultados bastante rápidamente.

 

La planificación de actividades es una de las herramientas para tratar la depresión. La modificación de pensamientos irracionales es otro tipo de intervención que comentaré en otro post.