Terapias online vs presenciales

Últimamente, hay una gran cantidad de psicólogos que ofrecen un servicio de terapia psicológica por internet, sobre todo por videoconferencia, aunque también existen las opciones de realizar una terapia por chat o correo electrónico. Centrándonos en la variante de terapia por videoconferencia: ¿En qué difieren las terapias tradicionales respecto a esta nueva tendencia? ¿Unas son mejores que otras?

Lo cierto es que la terapia psicológica online, como suele ocurrir con las nuevas tecnologías, ofrece ventajas en lo que respecta al tiempo: una terapia de estas características permite ahorrar tiempo, ocupando sólo y exclusivamente los minutos dedicados a ella sin necesidad de invertir en tiempo de desplazamiento. Las personas con movilidad reducida se pueden ver beneficiados igualmente por este tipo de servicio, pudiendo llevar a cabo las sesiones desde su propia casa. Puede resultar una buena forma de empezar a intervenir con problemas como agorafobias graves o depresiones, por las que las personas que la padecen no salen de su casa y por tanto tampoco acuden a un psicólogo. En caso de que el cliente tenga que realizar algún viaje, las terapias online permiten mantener su periodicidad si se puede organizar de tal manera que disponga de tiempo para la terapia durante esos viajes. Añadido a esto se pueden incluir también los cambios de residencia de un paciente: mediante esta tecnología, se permite que mantenga las sesiones con el mismo psicólogo en vez de tener que ser derivado a otro, lo que suele generar incomodidad y rechazo.

Dentro de las desventajas, están las propias de la tecnología: complicaciones que no permiten la comunicación fluida (desde pérdida de la conexión a internet hasta el no recibir todos los mensajes), interrupciones por parte del cliente por poder estar haciendo varias cosas a la vez (mirar otras páginas de internet, hablar con la pareja, levantarse para comer algo).

Lo que no se descarta en ninguna de las dos opciones por ser inherentemente humano son los retrasos o la impuntualidad: El acudir a una terapia "en vivo" requiere organizar la agenda de tal manera que deje tiempo para llegar hasta el centro y estar en sesión, siendo posibles los atascos, la pérdida de una conexión en transporte público, imprevistos como huelgas etc. Es verdad que estos impedimentos no tendrían mucha importancia en una terapia online (que igualmente requiere reservar tiempo para ella), pero ésta conlleva su impuntualidad por otros aspectos. Precisamente por permitir ahorrar tiempo, se facilita que se planifiquen más tareas en los momentos previos a la hora de la sesión y que cuando finalmente llega el momento de comenzar, la persona no esté lista porque tiene tareas pendientes. Este punto seguramente no se pueda llegar a evitar con ninguno de los dos métodos.

Lo importante a destacar en cuanto a ambos métodos es que tanto en una terapia online como presencial se van a trabajar los mismos aspectos y el método de trabajo (como explico en en esta web) será el mismo. El primer paso consiste en la fase de evaluación, en la que se trata de conocer el problema. Para ello, el psicólogo requiere de información que el cliente puede proporcionar en las primeras sesiones. El cliente puede contar libremente y el psicólogo irá orientando la sesión mediante preguntas y reflexiones. Una vez que se dispone de la información necesaria, se puede explicar la causa y el mantenimiento del problema. En esta fase, el cliente va a lograr una mejor comprensión de su problema. A este paso le sigue la intervención, en la que empezará a producir cambios a través de ejercicios y reinterpretaciones. El cliente pondrá en práctica nuevos patrones de conducta y se comentarán las dificultades que vayan apareciendo. A lo largo del proceso el cliente ganará en seguridad en estos nuevos patrones. De esta manera, se pasa a la siguiente fase, que será la de seguimiento. Aquí se procede a observar la estabilización de los cambios y a la preparación de situaciones futuras con las herramientas aprendidas durante la intervención.

Ambas formas de intervenir sobre un problema psicológico resultan eficaces y se pueden utilizar para modificar algo en nuestra vida con lo que no estamos satisfechos. Es cuestión de preferencias personales o debido a factores externos que una persona pueda decidirse por una de estas dos alternativas. En cualquier caso, sea la variante que sea la que se elija, se pueden obtener resultados positivos que aumenten la satisfacción y la calidad de vida.